Escritoras renacentistas
Santa Catalina de
Siena (1347-1380)
CATALINA DE ZÚÑIGA (1555-1628)
El diligente deseo
podría ser de placer
por el dulce devaneo;
mas la fineza de él, creo
que está puesta en padecer,
porque aunque poder cumplirle
en servicio del amado
es el bien más estimado,
lo que cuesta diferirle
hace el mérito doblado.
Mayor deudo con lo feo,
no siendo el negro color,
sin saber si es lo mejor,
yo diría, a ley de creo,
que de azul el resplandor.
Subir un hombre vencido
podrá cuando la Victoria
guste de echar en olvido
al que ayer favorecido
hoy borre de la memoria.
Mas pensar que el ser amado
con el que ama tiene igual,
eso estáse averiguado,
por ser caso reservado
para gente de caudal.
Para amado ¿quién no basta?
Para amar ¿hay bueno alguno?
A no llamarme importuno
jurara que de esta casta
no ha quedado ninguno.
El diligente deseo
podría ser de place
por el dulce devaneo;
mas la fineza de él, creo
que está puesta en padecer,
porque aunque poder cumplirle
en servicio del amado
es el bien más estimado,
lo que cuesta diferirle
hace el mérito doblado.
Mayor deudo con lo feo,
no siendo el negro color,
sin saber si es lo mejor,
yo diría, a ley de creo,
que de azul el resplandor.
Subir un hombre vencido
podrá cuando la Victoria
guste de echar en olvido
al que ayer favorecido
hoy borre de la memoria.
Mas pensar que el ser amado
con el que ama tiene igual,
eso estáse averiguado,
por ser caso reservado
para gente de caudal.
Para amado ¿quién no basta?
Para amar ¿hay bueno alguno?
A no llamarme importuno
jurara que desta casta
no h quedado ninguno.
FRANCISCA DE ARAGÓN (1521?- 1606)
Pues aquel gran amor
que me tuviste
holgaste de mudar en otra parte,
yo soy contenta de lo que escogiste.
No sabrá ella como yo enojarte;
siempre te tratará de una manera
que no sé si será señal de amarte.
Será más estimado, que no fuera
el espíritu tuyo ya alabado
más que cuando de ti amado era.
Mas no por esos bienes que has hallado
en ella, dejará de dar espanto
de ver un corazón así mudado.
No te quiero hablar en eso tanto
porque se huelga el mal que ha hecho
de ver que el ofendido vive en llanto.
Tú estás a tu placer y satisfecho:
yo seré de amistad muy gran tu amiga,
dejando siempre a salvo mi derecho.
Que no quiero que nadie vea ni diga
la culpa tuya, ni que me has dejado
de amar en verme que te soy enemiga.
Para conmigo quedas disculpado,
porque siempre te tuve por mudable
aunque a veces me habías engañado;
para mí el dolor es muy tolerable,
ningún cuidado tengas de mi pena;
afírmate, no seas variable,
que no puede hallarse cosa buena
con quien hace mudanzas cada día
dejando natural por cosa ajena.
Aquesto que te escribo no querría
que te haga pensar que quedo muerta,
pues más el daño a mí que a otro ofendía.
Que tú sabes muy bien que es cosa cierta
el que va mil amigos procurando
que jamás amistad no se le acierta.
Yo te prometo que no vea llorando
jamás nadie a mis ojos por aquesto,
ni el corazón por ello suspirando
ni la color mudada de mi gesto
el dolor que cubrir el alma suele
hará parecer claro y manifiesto.
Está seguro que no me desvele
cuitado de saber cómo te ha ido
en este nuevo amor que ahora te duele.
Que mil veces te has visto tan perdido,
jurando que no amaste así en tu vida,
y tú sabes muy bien dónde se ha ido.
Mira que pues merece ser servida,
que lo sepas hacer sin apartarte,
como hiciste de otra tan querida.
Perdóname que quiero aconsejarte
en cosa que consejo no requiere
ni seso ni razón jamás es parte.
Que conviene seguir lo que amor quiere,
digo cuando el amor es verdadero,
que no el amor de quien por todas muere.
Escribirte de mí nuevas no quiero,
que no las querrás ver de mano mía
ni tampoco de ti yo las espero.
Dios te dé con quien amas alegría,
y a tu corazón dé contentamiento,
y te guarde de mala frenesía.
Aunque todas tus penas lleva el viento,
pues no son más de cuanto estás presente,
que en partiendo te apartas de tormento.
No quiero seguir más este accidente
ni quiero declarar tus condiciones
por no dar qué decir de ti a la gente.
Digo que has menester mil corazones
para sufrir el mal que te procuras
si andas de verdad en tus pasiones
o te han de ser contadas por locuras.
1. Aquella
fuerza grande que recibe
De tu gran hermosura la alma mía,
Tiene la culpa desto que se
escribe.
No pienses que se hace de osadía;
Que mucho tiempo ha que sufro y
callo,
Mas males que decirte aquí podría
2. Pues aquel grande amor que me
tuviste,
Holgaste de mudar en otra parte,
Yo soy contenta de lo que
escogiste.
Ella no sabrá, no, cómo enojarte,
Siempre te tratará de una manera,
Que no se sepa la señal de
amarte…
3. Pues aquel gran amor que me tuviste
Holgaste de mudar en otra parte,
Yo soi contenta de lo qu’
escogiste.
No sabrá ella como yo enojarte;
Siempre te tractará de una manera
Que si no sé si será señal de
amarte.
Será más estimado, que no fuera
El espíritu tuyo y alabado
Más que quando de ti amada hera.
Mas no por essos bienes que ás
hallado
En ella, debes dexará de dar
espanto
De ver un coraçón anssí mudado.
No te quiero hablar en esto tanto
Porque se huelga que el mal á
hecho
De ver quel ofendido bive en
llanto.
Tú estás a tu olaçer y
satisfecho:
Yo seré de amistad muy gran tu
amiga,
Dexando siempre a salvo mi
derecho.
Que no quiero que nadie vea ni
diga
La culpa tuya, ni que me ás
dexado
De amar en verme que te só
enemiga.
Para conmigo quedas disculpado,
Porque siempre te tuve por
mudable,
Aunque a veçes me avías engañado;
Para mí es el dolor muy
tolerable,
Ningún cuidado tengas de mi pena;
Afírmate, no seas variable,
Que no puede hallarse cossa buena
Con quien haze mudanças cada cada
día,
Dexando natural por cossa agena.
Aquesto que te escrivo no querría
Que te aga penssar que quedo
muerta,
Pues más el daño a mí que a ti
ofendía.
Que tu saves muy bien qu’ es
cossa çierta
El que va mill amigos procurando
Que jamás amistad no se le
açierta.
Yo te prometo que no vea llorando
Jamás nadie mis hojos por
aquesto,
Ni el coraçón por ello suspirando
Ni la color mudada de mi gesto
El dolor que ‘ncubrir el alma
suele
Hará pareçer claro y manifiesto.
Está seguro que no me desvele,
Cuidano de saber cómo te á ido
En este nuevo amor que aora te
duele.
Que mil veçes te ás visto tan
perdido,
Jurando que no amaste ansí en tu
bida,
Y tú sabes muy bien dónde se an
ido.
Mira que pues mereçe ser servida,
Que lo sepas hazer sin apartarte,
Como heziste de otra tan querida.
Perdóname que quiero aconsejarte
En cossa que consejo no rrequiere
Ni seso ni rraçón jamás en parte.
Que conviene seguir lo que amor
quiere,
Digo quando el amor es verdadero,
Que no el amor de quien por todas
muere.
Escrivirte de mí nuevas no
quiero,
Que no las querrás ver de mano
mía
Ni tampoco de ti yo las espero.
Dios te dé con quien amas
alegría,
Y a ti coraçón dé contentamiento,
Y te guarde de mala frenessía.
Aunque todas tus penas lleva el viento,
Pues no son más de quanto estás
presente,
qu’en partiendo te apartas de
tormento.
No quiero seguir más este
açidente
ni quiero declarar tus
condiçiones
por no dar qué dezir de ti a la
gente.
Digo que ás menester
millcoraçones
para sufrir el mal que te
procuras
si andas de verdad en tus
passiones
o te án de ser contadas por
locuras.
ISABEL MEXÍA
El que no mantiene ley,
quien á color de tasajo,
quien corona como rey,
quien nunca hirió de tajo
quien en horca quiere ser
y llora allí su trabajo
es, a todo mi entender,
el consonante a tasajo.
LUISA DE CARVAJAL (1566-1614)
En el siniestro brazo recostada
de su amado Pastor, Silvia dormía,
y con la diestra mano la tenía
con un estrecho abrazo a sí allegada.
Y de aquel dulce sueño recordada,
le dijo: «El corazón del alma mía
vela, y yo duermo; ¡ay, suma alegría,
cuál me tiene tu amor tan traspasada!
Ninfas del Paraíso soberanas,
sabed que estoy enferma y muy herida
de unos abrasadísimos amores.
Cercadme de odoríferas manzanas,
pues me veis como fénix encendida;
y cercadme también de amenas flores.
——
¡Ay, soledad amarga y enojosa,
causada de mi ausente y dulce Amado!
¡Dardo eres en el alma atravesado,
dolencia penosísima y furiosa!
Prueba de amor terrible y rigurosa,
y cifra del pesar más apurado,
cuidado que no sufre otro cuidado,
tormento intolerable y sed ansiosa.
Fragua, que en vivo fuego me convierte,
de los soplos de amor tan avivada,
que aviva mi dolor hasta la muerte.
Bravo mar, en el cual mi alma engolfada,
con tormenta camina dura y fuerte
hasta el puerto y ribera deseada.
———–
¿Cómo, di, bella Amari, tu cuidado
estimas en tan poco, que, olvidada,
de quien con tanto amor eres amada,
te empleas en el rústico ganado?
¿Hate la vana ocupación comprado?
¿Qué nigromántica arte embelesada
te trae, y de tu bien tan trascordada?
¡Ay, alevosa fe! ¡Ay, pecho helado!
Vuelve, Amari, repara que perdiendo
vas de amor el camino, digo, atajo.
Y ese que llevas, ancho y deleitoso,
suele mañosamente ir encubriendo
entre las florecillas, y debajo
de verde hierba, el paso peligroso.
·
Romances
Asaltos tan rigurosos
Sufres sin desalentarte:
Dime, flaco corazón,
¿haste vuelto de diamante?
Entre esas llamas fogosas
que te
cercan y combaten,
parece
te tiene amor
tan
hecho a sus propiedades,
que, cuando fuerte te quiere,
fuerte
eres e inexpugnable,
y
cuando de blanda cera,
te
derrites y deshaces.
Entre mortales heridas,
y
dolores desiguales,
de amor
vives, y esa vida
te
alivia y te satisface.
Quéjaste en los accidentes
y
sientes su rigor grave,
no
habiendo gloria en la tierra
con
quien gustes de trocarle.
Que sólo el vivir, muriendo
porque
no mueres, te aplace;
la
libertad te atormenta
y sirve
de estrecha cárcel.
Y por oscuras mazmorras
suspiras,
y ausentes trances:
¡Oh, en
cuán extraña cadena
quiso
Amor aprisionarte!
_______
¡Ay, si entre los lazos fieros
que a
mi gloria aprisionaron
par mi
libertad, yo viera
enlazar
mi cuello y manos!
Pero si es atrevimiento,
porque
esos son sacrosantos,
e
indigna toda criatura
de adornos
tan soberanos;
concédeme, Amor, siquiera
(pues
en dar no eres escaso)
algunas
dulces prisiones
que les
parezcan en algo.
Dulces las llamo, porque,
en ley
de amor, sus amargos
son tan
dulces, que la vida
se
suele dar por comprarlos.
¡Oh cuán mil veces dichosa
aquella,
do ejecutados
mil
sangrientos sacrificios
y
abrasados holocaustos,
se te ofrece Cristo mío,
en lo
posible mostrando
cuán
imposible es que quede
en
ningún modo ni caso,
su
fuerte amor satisfecho,
ni el
tuyo inmenso pagado!
- Sonetos
¿Cómo vives, sin quien vivir no puedes?
Ausente,
Silva, el alma, ¿tienes vida,
y el
corazón aquesa misma herida
gravemente
atraviesa, y no te mueres?
Dime, si eres mortal o inmortal eres:
¿Hate
cortado Amor a su medida,
o
forjado, en sus llamas derretida,
que
tanto el natural límite excedes?
Vuelto ha tu corazón cifra divina
de
extremos mil Amor, en que su mano
mostrar
quiso destreza peregrina;
y la fragilidad del pecho humano
en
firmísima piedra diamantina,
con que
quedó hecho alcázar soberano.
__________
¡Ay, soledad amarga y enojosa,
causada
de mi ausente y dulce Amado!
¡Dardo
eres en el alma atravesado,
dolencia penosísima y furiosa!
Prueba de amor terrible y rigurosa,
y cifra
del pesar más apurado,
cuidado
que no sufre otro cuidado,
tormento
intolerable y sed ansiosa.
Fragua, que en vivo, fuego me convierte,
de los
soplos de amor tan avivada,
que
aviva mi dolor hasta la muerte.
Bravo mar, en el cual mi alma engolfada,
con
tormenta camina dura y fuerte
hasta
el puerto y ribera deseada.
- Liras
Dulce y fiel esperanza,
mi
Cristo, mi Señor y mi deseo:
¿qué
bienaventuranza,
qué
gusto o qué recreo
podrá
haber para mí do no te veo?
Encerrado en mi pecho,
de
ausencia y del amor, fuego tan fuerte,
me ha
puesto en tal estrecho,
que un
punto de no verte
me es
de mayor dolor que el de la muerte.
Porque sin ti, mi vida
queda
cual la del pez sin su elemento,
hasta
que socorrida
de tu
presencia, siento
vuelto
en deleite y gloria mi tormento.
¡Baste, mi bien, te ruego!
No te
tardes ya más en socorrerme,
pues
ves, Señor, que llego
a un
extremo, que en verme
se
juzgará que baste a deshacerme.
Rompe esta tenebrosa
nube
que de mil modos me atormenta,
con tu
vista gloriosa,
y apaga
la sedienta
congoja
que me aflige y desalienta.
Que cuando reverbera
la
rutilante luz de tu hermosura,
mi
invierno en primavera
se
trueca, y su secura
en
dulce y amenísima frescura.
______
Cristo dulce y amado,
sin
quien vivir un punto no podría;
süave y
regalado gozo
del
alma mía,
mi bien, mi eterna gloria y alegría.
Mi puerto venturoso,
do
Silva de mil males amparada
queda,
y del mar furioso
la
braveza burlada,
cuando
más pretendió verme anegada.
Las olas hasta el cielo,
de tan
divina roca rebatidas
quedaron
por el suelo,
sus
trazas destruídas,
y tus
promesas fieles bien cumplidas.
Que nunca me has faltado
en los
encuentros fieros y espantosos
del
tigre denodado,
y
leones furiosos,
sedientos
de mi sangre y codiciosos.
Porque para leones
eres
fuerte león de mi defensa;
y a
armados escuadrones
del
infierno en mi ofensa
en
polvo los volvió tu fuerza inmensa;
y el dragonazo horrendo
que, de
la boca, infame, emponzoñada,
su
ancho río vertiendo,
de su
furor cercada,
como en
lazo pensó verme encerrada.
Y sólo con mirarme
(cuando
a ti me volví), con esos ojos
soberanos
librarme
pude de
mis enojos,
quedando
victoriosa y con despojos.

Comentarios
Publicar un comentario