El Conde Lucanor o Libro de Patronio
Don Juan Manuel (Siglo XIV)
«Lo que sucedió a una mujer que se llamaba Doña
Truhana» (El cuento de la lechera)
Otra vez estaba hablando el Conde Lucanor con Patronio de esta manera:
-Patronio, un hombre me ha propuesto una
cosa y también me ha dicho la forma de conseguirla. Os aseguro que tiene tantas
ventajas que, si con la ayuda de Dios pudiera salir bien, me sería de gran
utilidad y provecho, pues los beneficios se ligan unos con otros, de tal forma
que al final serán muy grandes.
Y entonces le contó a Patronio cuanto él
sabía. Al oírlo Patronio, contestó al conde:
-Señor Conde Lucanor, siempre oí decir que
el prudente se atiene a las realidades y desdeña las fantasías, pues muchas
veces a quienes viven de ellas les suele ocurrir lo que a doña Truhana.
El conde le preguntó lo
que le había pasado a esta.
-Señor conde -dijo Patronio-, había una
mujer que se llamaba doña Truhana, que era más pobre que rica, la cual, yendo
un día al mercado, llevaba una olla de miel en la cabeza. Mientras iba por el
camino, empezó a pensar que vendería la miel y que, con lo que le diesen,
compraría una partida de huevos, de los cuales nacerían gallinas, y que luego,
con el dinero que le diesen por las gallinas, compraría ovejas, y así fue
comprando y vendiendo, siempre con ganancias, hasta que se vio más rica que
ninguna de sus vecinas.
»Luego pensó que, siendo tan rica, podría
casar bien a sus hijos e hijas, y que iría acompañada por la calle de yernos y
nueras y, pensó también que todos comentarían su buena suerte pues había
llegado a tener tantos bienes aunque había nacido muy pobre.
»Así, pensando en esto, comenzó a reír con
mucha alegría por su buena suerte y, riendo, riendo, se dio una palmada en la
frente, la olla cayó al suelo y se rompió en mil pedazos. Doña Truhana, cuando
vio la olla rota y la miel esparcida por el suelo, empezó a llorar y a
lamentarse muy amargamente porque había perdido todas las riquezas que esperaba
obtener de la olla si no se hubiera roto. Así, porque puso toda su confianza en
fantasías, no pudo hacer nada de lo que esperaba y deseaba tanto.
»Vos, señor conde, si queréis que lo que
os dicen y lo que pensáis sean realidad algún día, procurad siempre que se
trate de cosas razonables y no fantasías o imaginaciones dudosas y vanas. Y
cuando quisiereis iniciar algún negocio, no arriesguéis algo muy vuestro, cuya
pérdida os pueda ocasionar dolor, por conseguir un provecho basado tan sólo en
la imaginación.
Al conde le agradó mucho esto que le contó
Patronio, actuó de acuerdo con la historia y, así, le fue muy bien.
Y como a don Juan le gustó este cuento, lo
hizo escribir en este libro y compuso estos versos:
En realidades ciertas os
podéis confiar,
mas de las fantasías os debéis alejar.
El Conde Lucanor o Libro de Patronio
Don Juan Manuel (Siglo XIV)
«Lo que sucedió a una mujer que se llamaba Doña
Truhana» (El cuento de la lechera)
Otra vez estaba hablando el Conde Lucanor con Patronio de esta manera:
-Patronio, un hombre me ha propuesto una
cosa y también me ha dicho la forma de conseguirla. Os aseguro que tiene tantas
ventajas que, si con la ayuda de Dios pudiera salir bien, me sería de gran
utilidad y provecho, pues los beneficios se ligan unos con otros, de tal forma
que al final serán muy grandes.
Y entonces le contó a Patronio cuanto él
sabía. Al oírlo Patronio, contestó al conde:
-Señor Conde Lucanor, siempre oí decir que
el prudente se atiene a las realidades y desdeña las fantasías, pues muchas
veces a quienes viven de ellas les suele ocurrir lo que a doña Truhana.
El conde le preguntó lo
que le había pasado a esta.
-Señor conde -dijo Patronio-, había una
mujer que se llamaba doña Truhana, que era más pobre que rica, la cual, yendo
un día al mercado, llevaba una olla de miel en la cabeza. Mientras iba por el
camino, empezó a pensar que vendería la miel y que, con lo que le diesen,
compraría una partida de huevos, de los cuales nacerían gallinas, y que luego,
con el dinero que le diesen por las gallinas, compraría ovejas, y así fue
comprando y vendiendo, siempre con ganancias, hasta que se vio más rica que
ninguna de sus vecinas.
»Luego pensó que, siendo tan rica, podría
casar bien a sus hijos e hijas, y que iría acompañada por la calle de yernos y
nueras y, pensó también que todos comentarían su buena suerte pues había
llegado a tener tantos bienes aunque había nacido muy pobre.
»Así, pensando en esto, comenzó a reír con
mucha alegría por su buena suerte y, riendo, riendo, se dio una palmada en la
frente, la olla cayó al suelo y se rompió en mil pedazos. Doña Truhana, cuando
vio la olla rota y la miel esparcida por el suelo, empezó a llorar y a
lamentarse muy amargamente porque había perdido todas las riquezas que esperaba
obtener de la olla si no se hubiera roto. Así, porque puso toda su confianza en
fantasías, no pudo hacer nada de lo que esperaba y deseaba tanto.
»Vos, señor conde, si queréis que lo que
os dicen y lo que pensáis sean realidad algún día, procurad siempre que se
trate de cosas razonables y no fantasías o imaginaciones dudosas y vanas. Y
cuando quisiereis iniciar algún negocio, no arriesguéis algo muy vuestro, cuya
pérdida os pueda ocasionar dolor, por conseguir un provecho basado tan sólo en
la imaginación.
Al conde le agradó mucho esto que le contó
Patronio, actuó de acuerdo con la historia y, así, le fue muy bien.
Y como a don Juan le gustó este cuento, lo
hizo escribir en este libro y compuso estos versos:
En realidades ciertas os
podéis confiar,
mas de las fantasías os debéis alejar.
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