LAS VARIEDADES DIÁSTRATICAS: NIVEL CULTO, COLOQUIAL Y VULGAR

COSTO DER GUENO


PUES SÍ, ES UN DRAMA
Se nos estropeó la lavadora. Ruidos, lo que se dice ruidos ya venía haciendo desde meses atrás. Como avisando. Reventó precisamente en viernes noche, o sea, fin de semana. Así que se jodió, hasta el lunes y, entre que avisas, toman nota y te viene el técnico, hala, que te pones en miércoles. Luego resultó que no era una avería sino un desastre, y mejor comprar una nueva. Dos días más. Casi una semana lavando a mano, ella, claro, es tiempo suficiente para reflexionar sobre el tamaño de nuestra dependencia y sobre cómo pudieron sobrevivir nuestros parientes dos o tres generaciones atrás sin electrodomésticos. Porque incluso a quienes se declaran partidarios de la vida natural y primigenia se les ponen los pelos de punta cuando se les descacharra el frigorífico, o la minipimer, o el aspirador. La paz doméstica, salta por los aires cuando cualquiera de los artilugios con los que convivimos se avería, porque la mayoría somos inútiles para recomponerlo y no solamente nos supone un desembolso no previsto, sino que además nos sume en el desamparo de sustituirlo de forma manual. La lavadora por los nudillos, el frigorífico por la fresquera, el aspirador por la escoba, la batidora por el meneo de muñeca, la calefacción por las mantas, la vitrocerámica por la leña, son ejemplos de sustituciones inimaginables y, si alguna vez tocan, se convierten en dramas. Pequeños, remediables, pero dramas. Y no te cuento cuando el artilugio que casca es la tele. Y menos te cuento, cuando casca en fin de semana.

EL PLACER DE LAS ZONAS VERDES






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